La nube ofrece escalabilidad, pero sin gobierno puede convertirse en una fuente constante de coste y complejidad.

Una migración sana empieza por clasificar servicios, dependencias, copias de seguridad y criticidad de cada sistema.

Después se definen métricas de uso, políticas de backup y revisión mensual de consumo.

La clave no es solo subir infraestructura: es operar con visibilidad y seguridad.