Tiempo de resolución, incidencias recurrentes, disponibilidad, coste por servicio o nivel de automatización son métricas útiles cuando se conectan a impacto económico.

Un buen cuadro de mando evita ruido y responde a tres preguntas: qué está fallando, cuánto cuesta y qué prioridad tiene.

La tecnología debe explicar negocio, no esconderlo detrás de dashboards complejos.